En
América latina el rearme continuó
con un ritmo sostenido
Venezuela, el caso más contundente
Con la reinversión
del último mes en las Fuerzas Armadas, la
Argentina se suma a una tendencia que se generaliza
cada vez más en América latina, en
donde varios países, con Venezuela a la cabeza,
han incrementado su gasto militar en los últimos
años.
Las razones de dicho
rearme difieren de un país a otro: mientras
varios gobiernos argumentan que sólo se trata
de la renovación de equipos obsoletos, otros
buscan reforzar su autonomía interna ante
eventuales intervenciones de otros países,
y algunos, en tanto, ven en los planes de rearme
un mecanismo viable para enfrentar las permanentes
crisis políticas y sociales que sacuden a
no pocos Estados latinoamericanos.
Tal vez el caso
más contundente sobre el rearme es el de
Venezuela, en donde el gasto en armas creció
más de 4000 millones de dólares en
los últimos dos años, lo que convirtió
a esta nación en el mayor comprador de armas
de América latina y la colocó delante
de otros grandes compradores internacionales de
armas, como Paquistán e Irán.
Las adquisiciones
más recientes de armamentos por parte del
gobierno del presidente Hugo Chávez incluyen
decenas de aviones caza, helicópteros de
combate y 100.000 rifles de asalto Kalashnikov.
"Nos sentimos
amenazados y, como cualquier nación soberana,
estamos tomando medidas para reforzar nuestra defensa
territorial", sostuvo en febrero pasado el
general Alberto Müller Rojas, integrante del
gabinete de Chávez.
Venezuela, además,
firmó en mayo de 2006 un acuerdo de cooperación
con Bolivia, que prevé la instalación
de bases militares en territorio boliviano, así
como la transferencia de equipos militares, que
incluyen helicópteros y fusiles. Dicho acuerdo
alertó tanto a países vecinos a Bolivia
como a la Casa Blanca, que en su Balance Militar
2007 calificó de temas "preocupantes"
el rearme venezolano y su influencia militar con
Bolivia.
Además de
Venezuela, Chile es otro de los países que
más gastan en materia militar. Según
analistas, su elevado gasto -que representa el 3,8
por ciento de su PBI- obedece a una renovación
ante la obsolescencia en bloque de gran parte de
su armamento. Como parte de este plan de renovación,
Chile incorporó dos submarinos Scorpene y
cuatro fragatas dadas de baja por la armada holandesa,
cuya entrega finalizará este año.
Perú, por
su parte, que reprocha el plan de modernización
chileno porque rompe el equilibrio estratégico
militar en la región, también avanza
en acuerdos con Rusia y Francia para modernizar
su flota aérea y naval. Y Brasil, en tanto,
que constituye la principal potencia militar de
la región, continúa diversificando
sus compras de armamento.
Así las cosas,
y pese a la ausencia de graves conflictos militares
en la región en las últimas dos décadas,
no sorprende que cada vez sean más los analistas
que hablan del resurgimiento de una carrera armamentista
en América latina, que podría desequilibrar
las fuerzas dentro del continente.
La
relación con Lockheed
Este mes fue entregado
el primer avión de entrenamiento avanzado
Pampa, en su versión modificada, a la Fuerza
Aérea. Pero más allá de la
ceremonia, los funcionarios del Ministerio de Defensa
no están conformes con la relación
contractual que los une a la empresa norteamericana
Lockheed Martin, radicada en Córdoba y a
cargo de la construcción de esas aeronaves.
"Vamos a renegociar el contrato", anunció
el secretario de Planeamiento, Oscar Cuattromo.
"Queremos cambiar
la mecánica de relación de trabajo
con Lockheed. La empresa factura sobre una base
de horas hombre y nosotros queremos pagar sobre
el producto terminado", aseguró el funcionario,
el tercero en jerarquía en el Ministerio
de Defensa.
"Este contrato
le cuesta al Estado unos 40 millones de dólares
al año", agregó.
A mediados de 2004,
el presidente Néstor Kirchner firmó
un acuerdo con la empresa Lockheed para asegurar
su permanencia hasta 2009. Por entonces la fábrica
de aeronaves estaba paralizada por las huelgas de
sus casi mil empleados y la falta de pago a la empresa
de las deudas del Estado.
Así, el Gobierno
armó un convenio para solventar la construcción
de 12 aviones Pampa, valuados en unos nueve millones
de dólares cada uno, además de asegurarle
a la empresa trabajo mediante la reparación
de aviones de transporte de la Fuerza Aérea.
De esos aviones, seis podrían ser negociados
a otros países.
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