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Saakashvili
como fenómeno propagandístico
Andrei Fediashin,
RIA Novosti.
El presidente georgiano
Mijaíl Saakashvili es desde el 8 de agosto
el hombre más 'noticiable' en las cadenas
de televisión mundiales, ante todo, las de
países anglosajones. Habla un inglés
impecable, tiene un estilo artístico y es
un verdadero maestro a la hora de manipular los
hechos.
Cuando estalló la guerra en Osetia del Sur,
Rusia no tuvo la precaución de reproducir,
hora tras hora, la cronología de las operaciones
militares, la cosa más elemental que se enseña
en los manuales de propaganda.
Lo que vimos en lugar de ello, fueron declaraciones
poco inteligibles por parte de militares desde la
zona del conflicto. Como resultado, la opinión
pública tuvo una idea muy vaga de lo que
pasaba en realidad, sobre todo, en el extranjero.
Que Rusia perdería la guerra propagandística
en torno a Osetia del Sur frente a Saakashvili y,
desde luego, a frente a EEUU, era algo que se sabía
a priori.
Primero, porque Moscú jamás había
ganado una sola guerra informativa. Segundo, porque
en principio, no podía granjearse las simpatías
de los europeos en este asunto: en el Viejo Continente
cuesta trabajo entender que una potencia nuclear
introduzca sus tropas en el territorio de un país
vecino más pequeño.
Lo anterior no significa que Europa simpatice con
Saakashvili. Más bien, es solidaria con el
pueblo georgiano que sufre a raíz de este
conflicto lo mismo que los osetas.
Es muy humano eso de apoyar al débil que
pugna contra el fuerte. El único consuelo
en esta situación es que EEUU, enternecido
como está con el actual mandatario georgiano,
es la única nación occidental que
no vacila en poner signos de igualdad entre Saakashvili,
Georgia y democracia.
Es asombroso hasta qué punto se parecen los
"libretos" que siguen Saakashvili, el
Departamento de Estado de EEUU y los principales
diarios estadounidenses.
Su tono tiene un mismo grado de carga emocional,
casi de histeria, con ausencia casi total de evidencias.
Suplantar los hechos con emociones, moralejas e
indignación forzosa es el método más
eficaz para manipular la opinión pública.
No es extraño que Saakashvili, los principales
ministros de su régimen y el embajador georgiano
en la ONU homologaran el contenido de sus discursos.
Es más, actuaron de forma coordinada al relacionarse
con la prensa, lo cual es un testimonio de metodología
bien clara y enfoque sistémico.
La asignatura que se conoce como "física
social" y que estudia las leyes que rigen el
desarrollo de la sociedad, incluidos los mecanismos
de influencia en la opinión pública,
incluye una noción denominada "dinámica
umbral".
Dos postulados contrarios pueden tener casi iguales
derechos de existencia pero basta un esfuerzo determinado
(información o desinformación proporcionada
a tiempo, acción, contramedida, etcétera)
para alterar el equilibrio y conseguir que uno de
aquéllos, el conveniente, supere el umbral
y se imponga en la conciencia de los destinatarios
ya dispuestos a acoger cualquier punto de vista.
Ya no hay lugar entonces para la opinión
contraria. Todo indica que Saakashvili acertó
en esta materia.
Logró una ventaja sobre Rusia. Como resultado,
los debates del tema suroseta en el Consejo de Seguridad
de la ONU dejan esa sensación rara de distanciamiento
total con respecto al quid del asunto, por lo menos,
en lo que se refiere a la actuación de los
representantes de EEUU y otros países Occidentales.
Da la impresión de que para todos, a excepción
de Rusia, Osetia del Sur es una especie de reserva
poblada por tribus bárbaras y antidemocráticas
que no merecen siquiera una mención. De lo
único de que se trata es de salvar la "revolución
de las rosas" y la incipiente democracia georgiana.
Si uno escucha a Saakashvili, se queda con la sensación
de que no es Georgia la que aplastó a la
pequeña Osetia del Sur con lanzamisiles Grad
sino Rusia la que atacó a Georgia pérfidamente,
la víspera de los Juegos Olímpicos.
Cualquier Gobierno del planeta tiene bastantes esqueletos
en su armario. Rusia es casi plusmarquista en este
terreno pero lo que hace ahora Saakashvili es algo
totalmente fuera de serie, algo peor que amoralidad
política.
Afortunadamente se escuchan también voces
sensatas. "Saakashvili parece preocuparse menos
por el futuro de esta gente (los osetas) que por
afirmar que ellos viven en el territorio de Georgia",
constata Thomas de Waal, del Instituto londinense
para la Paz y la Guerra.
El ataque georgiano contra Tsjinvali, según
este experto, es "una violación flagrante
de la ley humanitaria internacional". Saakashvili
es famoso por su propensión a arriesgarse,
balancear entre beligerancia y pacifismo, democracia
y autoritarismo, y en varias ocasiones fue frenado
al borde del abismo gracias a la intervención
de políticos extranjeros. Pero esta vez dio
un paso al precipicio.
LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDIRÁ
OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI
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