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Alarmas militares
EDGAR C. OTÁLVORA
El
actual proceso de des-integración y de reacomodo
de las alianzas políticas suramericanas, está
llegando acompañado de un veloz impacto sobre las
políticas militares.
Si
bien Caracas había anunciado en diciembre pasado
el envío de personal militar a Bolivia para cumplir
funciones de ingeniería, las más recientes
informaciones señalan que el aporte de militares
de Venezuela al gobierno del presidente Evo Morales trascenderá
el limitado campo de las obras civiles (asfaltados, construcción
de edificios, etc.) para incluir ayuda militar de contenido
bélico. El ministro de Defensa venezolano, almirante
Orlando Maniglia, dijo la semana pasada que enviaría
a Bolivia dos helicópteros Superpuma pertenecientes
a la Fuerza Aérea Venezolana para dar el apoyo
a la aviación boliviana.
Los
superpuma venezolanos no son artillados, pero pueden mover
25 soldados debidamente apertrechados (según FAV-Club)
o una comitiva presidencial cómodamente instalada.
Aun
cuando el propio Morales proclamó en un acto público,
durante su toma de posesión, que solicitaría
ayuda a Cuba y Venezuela en materia de seguridad, hasta
ahora La Paz había negado la presencia de agentes
militares extranjeros. Pero a mediados de esta semana el
presidente de la comisión de Defensa boliviana, diputado
oficialista Javier Zavaleta, confirmó la llegada
de fuerzas militares venezolanas a su país para actuar
en el servicio social y las labores de capacitación
en tareas propiamente militares. Estos anuncios pueden
dar más peso a la posición de las fuerzas
militares brasileñas sobre la urgencia de ampliar
la presencia armada sobre la frontera con Bolivia. Los mandos
militares brasileños están empeñados
en mejorar el nivel de apresto operativo de sus fuerzas
al suroeste del país, y la pasada semana reunieron
más de 150 unidades blindadas de combate en un acto
de inspección de tropas por parte del Comandante
del Ejército.
Un
poco más al sur, la controversia de Uruguay y Argentina
por la construcción de plantas procesadoras de celulosa
en territorio uruguayo, escaló en gravedad hasta
ganar rango de tema de defensa. De acuerdo con varios diarios
de Montevideo, el presidente Tabaré Vázquez
ordenó el pasado 23 de mayo la elaboración
de un plan de seguridad militar para prevenir posibles
represalias que provendrían desde la Argentina si
el tribunal internacional de La Haya falla a favor de Uruguay
en el tema de las plantas. Los militares uruguayos siguen
con atención las maniobras argentinas en la frontera
y el presidente izquierdista Vázquez teme que su
antiguo amigo, el también izquierdista Néstor
Kirchner, ordene una acción de fuerza contra el Uruguay.
Si bien el Gobierno argentino se apresuró a desacreditar
cualquier hipótesis de conflicto militar por el tema
de las papeleras uruguayas, quedó en el ambiente
la apreciación en la cual han insistido los militares
brasileños sobre el incremento de la inestabilidad
regional, ahora reforzada por las públicas pugnas
de Kirchner con los mandos castrenses de su país.
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