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La
asimétrica, desestabilización,
separatismo y Che Guevara
Chávez
ha comprado una poderosa flota aérea de cazas rusos
Su-30 y decenas de helicópteros multipropósito,
así como barcos de guerra. También ha anunciado
la instalación de un sistema de defensa antiaérea
de última generación.
En realidad, ese tipo de armamento es poco útil para
confrontar militarmente con Estados Unidos, cuya superioridad
bélica en términos convencionales es abrumadora
frente a cualquier otro país, incluidos Rusia y China.
Estratégicamente,
dentro de la hipótesis de Guerra Asimétrica
de Resistencia, son mucho más útiles los fusiles
Kaláshnikov, así como la instalación
de una fábrica para construirlos, junto con sus proyectiles.
La experiencia de combate con base en cohetes ensayada en
el Líbano por Hezbolá, que libra igualmente
una guerra asimétrica contra Israel (Hezbolá
no usa aviones, helicópteros, ni tanques, ni barcos)
orienta las compras de armamento convencional efectuadas
por Venezuela hacia una guerra de primera fase tradicional,
contra ejércitos regulares de Estados vecinos, que
debería convertirse, en plazo breve, en una Guerra
Asimétrica (irregular ilimitada en la metodología
y en el tiempo) al producirse la esperada intervención
estadounidense.
Esta
hipótesis es alimentada por algunos movimientos del
Pentágono. El Comando Sur, por ejemplo, acaba de
patrocinar una reunión en Lima que contó con
la presencia de altos mandos y representantes militares
de 14 países de América Latina. La cita culminó
el pasado viernes 4 de agosto. Los jefes militares de los
ejércitos de Argentina, Brasil y Bolivia estuvieron
presentes. Los acompañaron sus pares de Colombia,
Ecuador, El Salvador, Uruguay, Guatemala, Chile, Paraguay,
Guatemala, Honduras, Nicaragua y Perú. La reunión
fue coordinada por el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas
Peruanas y se hizo para "compartir experiencias en
operaciones de mantenimiento de paz" (Efe, 04-08-2006).
Si
el ataque contra Venezuela se concreta, en ese momento se
incorporarán a la contienda, si las palabras se traducen
en hechos, milicianos cubanos, argentinos, nicaragüenses
y salvadoreños (dirigentes y militantes revolucionarios
de esos países han manifestado públicamente
su voluntad de participar en una guerra en defensa de la
revolución bolivariana), así como las FARC,
que ya anunció esa intención, en la frontera.
La
atomización de la resistencia pudiera trasladarse
a otros países con importante población indígena
radicalizada (Ecuador, Bolivia, Perú). Si esa situación
ocurre, la región andina estaría en guerra,
con ejércitos de Estado apoyados por Estados Unidos,
contra oponentes no estatales, al estilo de la resistencia
iraquí o libanesa, mientras algunos jefes de Estado
(Cuba, Venezuela, Bolivia) desarrollarían, hasta
donde les fuera posible, una guerra combinada (convencional
y asimétrica).
Solamente
que en el caso de América Latina, donde el factor
dominante no sería el geopolítico-religioso-energético,
sino el geopolítico-antiimperialista (energético
en el caso de Venezuela y Bolivia), la Guerra Asimétrica
tendría un mayor peso como guerra irregular desparramada,
tal como hace décadas fue planteada por Ernesto Guevara
("uno, dos, muchos Vietnam").
En
este contexto las elecciones presidenciales venezolanas
son un paso necesario para legitimar la presencia de Hugo
Chávez en el concierto institucional internacional.
En
cuanto al dolor de cabeza que tiene el Gobierno con la oposición,
el Zulia, la activación de la hipótesis de
guerra antiseparatista dejará en posiciones cada
vez más incómodas al actual gobernador de
ese Estado, partícipe o no en el proceso electoral
nacional.
Sobre
la subversión callejera y el golpe de Estado, otras
de las hipótesis de guerra interna, la debilidad
estructural de la oposición hace que queden instaladas
en un espacio alejado 180 grados del previsto originalmente.
Por
ahora se trata de hipótesis. Pero ya son mucho más
que juegos de guerra. Esa es la cuestión.
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