| Venezuela
Informe Otálvora
Edgar
C. Otálvora
***Chávez
se declara en pleito con Uribe y llama a su embajador
en Bogotá. ***Aparte de denuncias coyunturales,
Uribe retrató y denunció la estrategia
internacional de Chávez pero sin mencionar
a Cuba.
***Uribe dejó ver el proyecto de Chávez
para que la izquierda, incluyendo a las Farc,
tome el poder en Colombia
El discurso del
presidente Alvaro Uribe, pronunciado el domingo
desde el costeño departamento de Bolívar,
en respuesta a Hugo Chávez, va más
allá de la coyuntura. Las palabras de Uribe
se producen en el contexto de la crisis con la cual
ha concluido el experimento que llevó a Chávez
a la condición de facilitador entre el gobierno
colombiano y las Farc. Pero las expresiones usadas
por Uribe dejaron al descubierto la tensión
que la élite colombiana siente ante el proyecto
de poder de Chávez. Ese día, Uribe
pronunció palabras, denunció hechos
y dio por sentado realidades que son dadas por ciertas
entre los altos mandos militares y la clase política
colombiana y, que hasta ahora, eran obviados en
el enfoque público de Uribe.
La confrontación tantas veces anunciada por
el propio Chávez, entre su proyecto y los
gobiernos como el de Colombia, finalmente se produjo.
Ya en el 2004 había colocado a Colombia entre
los países del eje pro Washington a los cuales
habría que confrontar. Las cartas de la confrontación
estratégica fueron puestas claramente sobre
la mesa por Uribe.
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Aparte de acusar a Chávez de querer usar
el tema de una crisis con Colombia como parte de
su arsenal electoral con vistas al referendo constitucional,
Uribe dejó colar graves señalamientos
contra el presidente venezolano.
Uribe habló de un plan de expansión
sobre Latinoamérica ejecutado por Chávez
y financiado con los recursos petroleros venezolanos.
Uribe no es, obviamente el primero en hacer esta
afirmación. Incluso miembros de su gabinete,
como el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos,
o el ex ministro del Interior, Fernando Londoño,
han sido reiterativos en ese punto. Pero es la primera
vez que el alto gobierno de Colombia expresa esta
percepción oficialmente.
A juicio de Uribe, Chávez habría incluido
a Colombia en los planes de expansión de
su revolución y habría estado, además,
valiéndose del proceso de negociaciones con
las Farc, para animar una salida revolucionaria
en Colombia. En esa estrategia, habría actuado
igualmente la senadora Piedad Córdoba, quien
habría analizado con el comandante de las
Farc, Simón Trinidad, preso en EEUU, la constitución
de un “gobierno de transición”
en Colombia.
No quedó claro el sentido de la transición
que la señora Córdoba discutía
con las Farc, pero el término supone una
ruptura constitucional en Colombia, o el triunfo
en las elecciones del 2010 de un candidato amigo
de las Farc quien pudiera presidir una transición
hacia otro régimen. En esta columna se había
comentado semanas atrás que Chávez
estaba llevando a cabo una negociación paralela
con las Farc, al margen del tema de la liberación
de los secuestrados. Se trataba de la idea de Chávez
de convencer a las Farc de participar abiertamente
en las elecciones presidenciales, emulando la vía
usada por el chavismo en Venezuela para alcanzar
el poder. Esta línea de razonamiento le da
mucho peso a la denuncia hecha por Uribe en ese
sentido.
Además, Uribe retomó la expresión
“terroristas” para referirse a las Farc,
y le encajó a Chávez la condición
de simpatizante del terrorismo, es decir, de las
Farc. Uribe también se refirió a los
métodos de Chávez en el contexto latinoamericano
y al contenido de su proyecto político para
la región. Según el presidente colombiano,
el método de Chávez consiste en incendiar
el continente. Y sobre su proyecto político,
afirmó que buscaba limitar las libertades
en los países de la región.
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Todo parece indicar que Uribe sucumbió en
agosto a la idea de acercarse a Chávez y
acceder a su intervención en el espinoso
tema de los secuestrados. En la decisión
habría influido el golpeteo recibido desde
EEUU a manos del Partido Demócrata, quien
ha venido por una parte limitando la ayuda al gobierno
de Colombia y, por otra, dando espacio político
en Washington a miembros de la oposición
de izquierda colombiana. La campaña de desprestigio
contra Uribe iniciada desde sectores radicales del
Polo Democrático Alternativo con el padrinazgo
de congresistas y sindicalistas gringos, ha hecho
mella en el gobierno colombiano.
A su vez, la presencia de familiares de Ingrid Betancourt
en el gobierno francés, convirtió
a Colombia en un tema de alto impacto para el nuevo
mandatario galo. Uribe se la jugó, incluso
contra la opinión de muy cercanos colaboradores.
La idea que privó fue que la afinidad de
las Farc con Chávez podía ayudar a
destrabar el tema de los secuestrados y lograr un
avance. Chávez se ganaría el Nobel
de la Paz y Uribe tendría prueba de su interés
por los aspectos de derechos humanos con los cuales
acallar críticas en Washington. Al final
el proceso ha resultado un desastre. Con el orgullo
magullado, Chávez escaló en un conflicto
verbal con Uribe. En respuesta, el colombiano se
sacó del bolsillo del chaleco todas sus verdaderas
opiniones sobre Chávez.
Chávez se habría reunido el lunes
con el alto mando militar venezolano, para contarle
su versión de los hechos. El martes escaló
en su conflicto contra Uribe, al llamar a consultas
al embajador en Bogotá. Ya algo análogo
ocurrió en el 2005, y Fidel Castro debió
mediar para que Chávez bajara la guardia
ante el colombiano. Uribe se cuidó de no
meter a Cuba en el cuento del expansionismo del
proyecto chavista, con lo cual se mostró
abierto a que nuevamente el anciano dictador cubano
frene los ímpetus de su socio de Caracas.
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